Ni olvido ni perdón

Ni olvido ni perdón


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Hace días que el cuerpo me pide escribir este artículo, lo hace desde que vi unas movilizaciones en mi tierra, Catalunya, encabezadas por el lema que da título a este artículo.

Mucha tristeza, eso es lo que sentí a leerlo, y mucha tristeza es lo que siento al comprobar que ese espíritu, que rechaza el perdón, recorre, cada vez más, el ánimo de las personas de todo signo a las que nos importan los conflictos que protagonizan la agenda social y política de nuestra sociedad.

Los conflictos forman parte de la convivencia, son un motor del cambio, pueden ser procesos ingratos, dolorosos, sí, pero bien gestionados pueden ser enormes oportunidades para la creatividad, la innovación, para reforzar lazos, para conocerse mejor a uno mismo y al otro.  Pueden ser estimulantes y constructivos. Reivindico los conflictos, los defiendo.

Son, sin embargo, material delicado, Hay que saber gestionarlos para que cierren bien, nos den todo lo bueno que pueden dar (nuevas ideas, nuevos compromisos…) y no nos envenenen con resentimiento y desconfianza.

Una herramienta fundamental en la gestión de los conflictos es el perdón. Sin él es prácticamente imposible resolver los conflictos en positivo.

Lo contrario al perdón es el resentimiento: re-sentir y volver a sentir rabia hacia el otro de forma sostenida y estable en el tiempo.

A continuación, me gustaría apuntar unas cuantas ideas sobre el perdón que nos pueden ayudar a sacarle todo el provecho a nuestros conflictos sin quedar atrapados en sus trampas:

  • Perdonar no es un favor que le haces al otro, es un favor que te haces a ti.

“El otro no merece que lo perdone”, “que muestre arrepentimiento antes” se puede llegar a pensar. La pregunta creo que es ¿quién es el principal perjudicado de mi “no perdón”? ¿A quién le cuece en las entrañas ese dolor cada vez que recuerdo ese hecho supuestamente imperdonable? ¿Me merezco ese dolor?

  • Perdonar no significa renunciar a tus objetivos.

Muchas personas asocian el perdón a rendirse, a resignarse, a ser derrotado. Lo cierto es que no es así en absoluto. Perdonar es librarse del dolor autoinfligido ante la existencia de una realidad que no nos gusta. Eso no significa que no podamos hacer cosas para modificar esa realidad de cara al futuro. Lo que paso pasó, eso no se puede cambiar, ahora ¿qué vamos a hacer con eso?

  • Perdonar no implica cambiar un juicio moral.

Perdonar no significa pasar de pensar que algo estuvo mal a pensar que estuvo bien. En realidad, eso es irrelevante. Perdonar es aceptar que ocurrió y decidir que eso va a dejar de hacerte daño.

  • El perdón se construye sobre un juicio de competencias: “todos lo hicimos lo mejor que pudimos en el momento en que lo hicimos”

Así renunciamos al juicio moral a cambio de este otro. No podíamos haberlo hecho de otra manera porque no sabíamos lo que hoy sabemos, hoy sabemos más. Y eso nos lleva al último punto, el del aprendizaje.

  • El perdón nos permite aprender.

Mientras que el resentimiento nos hace caminar en círculos, nos engancha y no nos deja avanzar, no nos deja aprender, el perdón nos permite sentir las emociones posibilitadoras del aprendizaje, como la ilusión, la curiosidad o la ternura.

Miro a mi alrededor, leo los periódicos y veo las noticias… y sigo triste. Sin embargo, albergo esperanza, pues creo que la mayoría de las personas tenemos ganas de perdonar y aprender. He decidido confiar en que sabremos hacerlo, sabremos hacerlo cada vez mejor.