¿Motivación o propósito?

¿Motivación o propósito?


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Cuando en nuestra vida se nos presenta un reto solemos decir que para conseguirlo es importante mantenernos motivados. En el ámbito de las organizaciones también se suele hablar mucho de motivación, de tener y mantener a las personas motivadas. Sin embargo, la motivación es una idea equívoca que nos puede despistar a la hora de lograr que las personas demos lo mejor que hay en nosotros.

Motivar es encontrar motivos para hacer algo y , por ejemplo, motivo para trabajar todos tenemos uno en común: tener ingresos para poder vivir lo mejor posible.

Por tanto, el sueldo es una palanca clara de motivación, sin embargo, siendo efectiva, tiene un recorrido limitado.

Queda muy claro en este breve cuento:

Era un caluroso día del año 1.223 cuando un caballero andante entró en la ciudad de Burgos y vio a una persona que, lenta y fatigosamente picaba una enorme piedra.

– ¿Qué está haciendo, buen hombre? -preguntó el caballero.

– Ya lo ve, picando piedra con este horrible calor – contestó con desgana.

El caballero avanzó unos metros y vio a otro hombre que, apesadumbrado, cargaba con varias piedras rectangulares sobre sus hombros.– ¿Qué hace usted, buen hombre? -preguntó de nuevo el caballero.

– ¿Es que no lo ve? Llevo piedras de un lado a otro -dijo enfadado.

El caballero avanzó un poco más y se encontró a un tercer hombre que, con gran energía y determinación, levantaba enormes piedras y las llevaba de un sitio a otro.

– ¿Qué está haciendo usted, buen hombre? -preguntó por tercera vez el caballero.

El trabajador, sonriente y orgulloso, contestó entusiasmado:

– ¡Estoy construyendo una catedral!

Existe una clara distinción entre lo que les pasaba a los dos primeros obreros y  lo que le sucedía al tercero.  Los primeros sin duda tenían motivos para llevar a cabo su trabajo, si no, obviamente, no lo estarían haciendo. Pero para el tercero la cosa es muy diferente, el trabajo estaba íntimamente ligado con un propósito que había hecho suyo: construir la catedral de la ciudad.

Queda claro que no es lo mismo tener una motivación que tener un propósito.

Un buen sueldo, un buen ambiente laboral, horario flexible o un servicio de guardería pueden ser motivadores en tanto que nos dan motivos para trabajar en la organización que nos ofrezca esas prestaciones, pero si las personas no vinculamos nuestra labor a un propósito- la creación o la aportación de algo al mundo para lo cual es imprescindible formar parte del proyecto en el que participamos- nuestra motivación no estará ligada a nuestra tarea, nuestro compromiso será menor y, por tanto, la probabilidad de abandono mayor.

Llegados aquí, permíteme que lance la pregunta: ¿qué guía tus decisiones, unas cuantas motivaciones o un verdadero propósito?