¿Meramente simbólico?

¿Meramente simbólico?


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Se suele decir de algo a lo que se le quiere quitar importancia que es “meramente simbólico”. Como si simbólico fuera sinónimo de falso, simulado o teatralizado. Es así porque solemos entender que existe lo simbólico por una parte y lo real por la otra, siendo lo real, por supuesto, lo importante.

Esto, a mi modo de ver, es subestimar el poder que tienen los símbolos y los rituales en nuestra vida, y no apreciar cómo ellos contribuyen mucho más de lo que nos pensamos a cambiar la realidad.

Me gusta poner el ejemplo de esas parejas que llevan muchos años juntos conviviendo y un día deciden casarse para, al cabo de pocos meses, separarse. ¿Puede la boda haber tenido algo que ver? Pues muy probablemente sí, la boda es un ritual simbólico con potentes significados, entre ellos el de “unión definitiva”. ¿Estaba esa pareja preparada para asumir ese significado simbólico?

Y es que nos rodeamos de símbolos precisamente para dar significado a lo que nos sucede. Soplamos velas al cumplir años, comemos uvas en nochevieja, nos damos la mano cuando llegamos a un acuerdo, reservamos los besos en la boca para el amor romántico, etc.

Uno de los símbolos más potentes son los rituales de paso, que sirven para asumir como reales los cambios (las velas, las uvas o las bodas serían rituales de paso). Si no hacemos esos rituales nos cuesta más asumir que los cambios se han producido de verdad. Si no celebramos el ritual es como si el cambio no hubiera sucedido del todo.

Comprender esto nos proporciona una herramienta potentísima para propiciar los cambios en nuestra vida, pues, de la misma manera que los rituales simbólicos sirven para que asumamos como “de verdad” cambios que se han producido, pueden también servir para provocar, incentivar o acelerar cambios que deseamos y que todavía no se han producido.

Si tú, o tú y tu pareja, o tu familia, o tu equipo en el trabajo queréis cambiar algo, queréis empezar una nueva etapa, y no acabáis nunca de iniciarla, es posible que estéis necesitando un símbolo, un ritual de paso que transporte ese cambio del mundo de las ideas al mundo real.

Idead un ritual y ejecutadlo. Os doy algunos consejos.

  • Que sea significativo. Crea un ritual propio que tenga sentido, que tenga que ver con el cambio que quieres que se produzca, que tenga un alto significado para ti. No acudas a rituales prefabricados como ir a una fuente de los deseos cualquiera a tirar una moneda cualquiera para que descanse junto con otros cientos de monedas cualquiera.
  • Que sea algo tangible, que implique la transformación de algo físico: plantar una semilla o quemar un dibujo que represente lo que vas a abandonar serían ejemplos de ello.
  • Dale solemnidad. Reserva un día y una hora para hacerlo, prepara el espacio en el que se va a hacer. Si es, por ejemplo, lanzar un escrito al agua, no vayas ahora corriendo a escribir una palabra en papel de higiénico para tirarlo por el váter. Piensa bien el lugar y el día en el que lo vas a hacer, redacta con mimo el escrito. El ritual será más efectivo si lo cuidas.
  • Que sea memorable. Intenta que la acción simbólica se aleje lo más posible de las cosas que haces con frecuencia. De esa forma lo recordarás con más intensidad.
  • Compártelo. Si es algo que no solo te atañe a ti e implica a otras personas, idead y celebrad el ritual de forma conjunta.
  • Crea un anclaje material que te sirva para tener el ritual bien presente en el futuro. Por ejemplo, al casarnos nos ponemos un anillo que nos conecta, nos ancla, con el cambio que se produjo el día de nuestra boda.
  • ¡Celébralo! Busca una manera de festejarlo, con un brindis, haciéndote un regalo, tomándote un día de vacaciones… lo que más ilusión te haga.

Lo simbólico y lo real no son cosas contradictorias, al revés, van de la mano, y por ello los rituales son poderosas herramientas de transformación y están al alcance de todos. ¿Lo probamos?