La risa que cura y la risa que ataca.

La risa que cura y la risa que ataca.


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

El humor tiene un efecto terapéutico en nuestras vidas, nos permite relativizar, coger distancia, quitar importancia y, en consecuencia, vivir con más liviandad, menos tensión, menos exigencia.

El humor negro, por ejemplo, nos ayuda a sobrellevar los acontecimientos más dramáticos. Es un mecanismo maravilloso para introducir una pizca de alegría cuando la tristeza inunda nuestro estado de ánimo, ayuda a equilibrarnos para no caer en estados de parálisis o círculos viciosos emocionales de los que es muy complicado salir.

El humor se expresa mediante la risa. Sin embargo, la cosa se complica cuando comprobamos que la satisfacción, que es una cosa muy diferente al humor, también se expresa así. Pues si, por ejemplo, logramos un objetivo que nos hemos propuesto o nos toca la lotería, también nos reímos, pero no porque encontremos cómica la situación, nos reímos  de satisfacción.

Ambas realidades, el humor y la satisfacción son puertas hacia la alegría, lo que corporalmente se refleja de la misma forma: la risa o la sonrisa. Esta coincidencia, genera equívocos que pueden desembocar en conflictos dolorosos.

Hay personas que solamente se ríen con chistes que ridiculizan una idea que no les gusta y, en cambio, aborrecen chistes que ponen en cuestión ideas que defienden. Esas personas, que en un momento dado podemos ser cualquiera de nosotros, se ríen de satisfacción, pero no están usando el humor. No destensan o relativizan, no quitan hierro, al contrario, usan mecanismos que en principio son humorísticos, y, por tanto, destensadores, para lo contrario, tensar, comprometerse más con sus creencias y desacreditar las creencias ajenas. La naturaleza liviana del humor, la de quitar hierro a las cosas, se pervierte.

Si nos reímos mucho cuando se hace humor con una bandera y nos enfadamos mucho cuando se hace humor con otra, no estamos experimentando lo cómico, estamos experimentando satisfacción de ver reafirmada nuestra forma de ver el mundo, nuestro bando.

La satisfacción compromete. El humor, en cambio, libera. Encontrar satisfacción en el dolor ajeno es muy diferente a encontrarle el lado cómico a ese mismo dolor. Mientras que lo primero denota falta de empatía, lo segundo expresa una presencia de ella y una intuición del valor terapéutico de los chistes o las bromas, su capacidad para liberar tensión.

Desde un punto de vista de la gestión de las relaciones humanas tenemos un reto muy grande a la hora de ofrecer y recibir el humor cuando nos sentimos víctimas de una situación dolorosa, o cuando creemos de forma total y absoluta en algo.

Cabe preguntarnos: ¿Cómo estoy usando el humor? ¿Estoy utilizado el chiste con intención de reforzar mi creencia o lo uso para hacerla menos absoluta? ¿Lo uso como arma o lo uso como forma de distensión?

Y creo que más importante ¿Cómo estoy recibiendo el humor? ¿Estoy escuchando una broma como un golpe a favor o en contra de mí situación o mis ideas o, por el contrario, como un regalo para la liberarme un poco de la exigencia y sentir un poquito alegría?

Pues, sea cual sea la intención del emisor de una broma, somos los únicos que podemos decidir qué efecto tendrá en nosotros, podemos tomarlo como una agresión y traer la agresividad a nuestro estado de ánimo o usarlo para introducir liviandad y andar más ligeros. Verle la gracia.