La condena moral

La condena moral


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Uno de los tipos de conflictos más difíciles de resolver es aquel en el que entra en juego las convicciones morales de las partes, precisamente porque las convicciones morales tienen la vocación de ser muy precisas e inequívocas, están diseñadas para ordenar los comportamientos en dos grupos muy delimitados por una línea que separa claramente lo que está bien de lo que está mal. Punto.

El criterio de clasificación puede atender una cierta lógica y razonamiento, pero, al final, existe una base que no atiende a razones, es la base de la que se parte, la creencia suelo sobre la que se construye el razonamiento moral.

Cuando discutimos sobre temas morales nos es muy difícil llegar a acuerdos y solemos ponernos en modo “hater” sin darnos cuenta, pues lo que está diciendo el otro “es una barbaridad”. “¿Cómo puede ser que en pleno sigo XXI esa persona siga defendiendo esto?” (mientras, quizás, el otro, está pensando exactamente lo mismo de nosotros) Como si hubiera una verdad moral incuestionable que se nos revela con el tiempo, y que en el siglo XX nos era más ajena que en el XXI.

Sin embargo, podemos comprobar que muchas variables hacen que, en un mismo momento histórico, convivan perspectivas morales diferentes según la generación a la que perteneces, la clase social, el entorno en el que has sido criado, si eres hombre o mujer, etc.

Todos estos factores acaban configurando nuestra base moral, nuestras creencias sobre lo que está bien y lo que está mal. Estas creencias nos hacen de brújula en la vida, nos permiten tomar decisiones y guían nuestros pasos, pero nos lo ponen muy difícil cuando nos encontramos que tenemos que convivir con alguien, ya sea desde punto de vista personal o desde un punto de vista social, que tiene unas creencias morales que contradicen las nuestras.

En este momento, en el que estoy escribiendo esto, siento miedo, pues creo que es el momento de poner un ejemplo, pero, claro ¿qué ejemplo pongo? Necesito poner uno que suscite controversia social para que se me entienda (el aborto, el derecho de autodeterminación, la cadena perpetua, la gestación subrogada…) sin embargo no quiero herir ninguna sensibilidad, no quiero condicionar la lectura a la adhesión o rechazo de un juicio moral concreto. Voy a vencer mi miedo cruzando al otro extremo, te propongo lo siguiente:  imagina que yo, Ignacio, defiendo la idea que más contradice tu moral, la que está más allá de lo que estás dispuesto a tolerar.

Cuando convive contigo alguien como yo, que defiende una idea totalmente contraria a tu moral, se plantea un dilema: puedes renunciar a tus convicciones morales para salvar la relación o seguir fiel a tus principios morales y sacrificarla. Ambas son opciones legítimas, pero en ocasiones ninguna de ellas nos deja satisfechos ¿existe una tercera vía?

¿Podemos “ablandar” de alguna manera nuestras creencias morales sin necesariamente renunciar a ellas? ¿Podemos asumir que nuestras creencias morales no son necesariamente La Verdad sin por ello sentir que el suelo se deshace bajos nuestros pies o sentirnos culpables? Quizás revisando nuestro ego podemos lograrlo, pues incluso sin renunciar a la creencia de que pueda haber una moral objetiva, podemos asumir que quizás nuestra versión sea un acercamiento imperfecto y, así, sin abandonar nuestras creencias, dejar abierta la puerta a que el acercamiento del otro sea también posible. Se trata simplemente de incorporar una pizca de humildad, de efecto distensor y hasta relajante, sobre nuestras creencias morales: yo creo esto, no renuncio, voy a seguir rigiéndome por esta creencia, pero quizás se me escapa algo, quizás mi perspectiva no es la única, quizás la perspectiva del otro es razonable. Desde ahí ¿podemos ponernos a encontrar la forma de convivir desde la aceptación mutua?