Intersecciones

Intersecciones


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Estábamos Laura y yo en una cafetería haciendo tiempo hasta que empezara la película.

– ¿Te puedo explicar de qué va el libro que me estoy leyendo? -Le pregunté.

-No -Me contestó con dulzura, pero sin resquicios.

Me quedé callado. Laura sacó un par de temas de conversación que cerré con monosílabos.

Silencio.

– ¿Te has enfadado? -Preguntó ella.

-No -Otro monosílabo.

-No me puedo creer que te hayas enfadado por esto. -Pensó ella en voz alta.

-Es que no te interesas por mis cosas -contrataqué-. Te dan igual.

-Te recuerdo que hemos venido a ver la película que tú querías, así que no me vengas con esas.

-Vamos a ver otra ¿qué película quieres ver? – Contesté desafiante.

La discusión se encendió. Acabamos sin ir al cine y nos volvimos a casa, callados, llenos de rabia y tristeza.

Estábamos Laura y yo en una cafetería haciendo tiempo hasta que empezara la película.

– ¿Te puedo explicar de qué va el libro que me estoy leyendo? -Le pregunté.

-No -Me contestó con dulzura, pero sin resquicios.

– ¿No tienes curiosidad? -Se me ocurrió contestarle.

– ¿Por un libro sobre la vida de un pintor? No.

-No es un pintor.

– ¿Qué es?

-Aaaah…. no dices que no te interesa. -Contesté sonriendo.

– ¿Un escritor? -Un brillo juguetón se le encendió en los ojos.

-No -Respondí.

– ¿Un arquitecto?

– ¡Sí!

– ¡Ole!

-Va, yo solo puedo contestar sí o no. Pregúntame.

Acabamos sin ir al cine, nos pasamos la tarde charlando y riendo en aquella cafetería.

¿Cuál es la principal diferencia entre ambas conversaciones?

En la primera yo estoy centrado únicamente en mi necesidad, la necesidad de compartir algo que estaba siendo muy grato para mí. En la segunda, un yo mucho más molón es capaz de, sin desatender la propia necesidad, poner foco en la necesidad de la otra persona, en este caso la necesidad de jugar, de divertirse, de poner en marcha su faceta más lúdica y no, para nada, la necesidad de escuchar.

Una de las claves para mantener relaciones sanas es la de estar atento a las necesidades del otro sin desatender las tuyas.

Digámoslo de esta manera, no se trata de averiguar a qué necesidad damos prioridad, si a la del otro, para convertirnos es sacrificados servidores del bien ajeno, o a la mía, para convertirnos en conquistadores inflexibles del bien propio. Se trata de averiguar cómo ambas necesidades pueden ser cubiertas al mismo tiempo, descubrir dónde está la intersección entre las dos.

Ello requiere dos habilidades en las que no solemos estar muy entrenados. La primera es la de la escucha, para ser capaz de conocer la necesidad del otro y, algo que no es tan obvio como parece, la necesidad propia.

La segunda es la creatividad, para encontrar formas imaginativas de cubrir las dos al mismo tiempo. Mi experiencia me dice que, si hay voluntad de hacerlo, es posible en la mayoría de los casos. Y cuando no se consigue, ambas partes reconocen el esfuerzo del otro y eso puede ser, en muchas ocasiones, absolutamente enriquecedor para una relación.

Propongo entrenarnos en la bonita habilidad de encontrar esas zonas comunes, dejar de ser servidores de los otros o conquistadores de lo que deseamos para convertirnos en exploradores, aventureros, curiosos y creativos, en busca de intersecciones.