Gafas de no ver

Gafas de no ver


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Si echamos la vista atrás comprobaremos que nuestra sociedad ha sufrido profundos cambios. Quizás pienses que han sido a mejor o quizás pienses que han sido a peor. Muy probablemente también tus circunstancias han sufrido cambios… tus circunstancias y también tú mismo: tu manera de comportarte, tu manera de ver el mundo, de priorizar asuntos, etc.

Os pido perdón, el párrafo anterior ha sido en realidad un truco para colaros una expresión que me llama mucho la atención y que a menudo me hace reflexionar. Quizás has reparado en ella, pues la he repetido dos veces, es la expresión “sufrir cambios”.

Si no has reparado en ella es porque la tienes tan interiorizada que se ha vuelto invisible, actúa de extranjis sobre tu percepción como cuando olvidas que llevas las gafas puestas.

Al hacerla visible adquirimos la capacidad de preguntar ¿Por qué los cambios se sufren? ¿Por qué la expresión no es “disfrutar cambios” por ejemplo?

El lenguaje no es inocente, es un síntoma, una pista, sobre como en nuestra cultura se tiende a ver la realidad. Nos habla del color del cristal de nuestras gafas colectivas, las que todos llevamos (además de las nuestras individuales) y a través de la cuales vemos el mundo. Es como si lleváramos unas gafas de sol encima de las gafas graduadas. Unas son las nuestras, las personales, las otras son las colectivas, las de nuestra cultura. Nos olvidamos de que las llevamos, pero ambas actúan igualmente como filtro a la hora de permitirnos ver la realidad.

La expresión “sufrir cambios” nos habla de una cultura que pone mucho en valor la estabilidad, los hábitos, la rutina, la certidumbre, etc. Y que huye de la novedad, el riesgo, la transgresión…Los cambios, con estas gafas, se sufren, aunque sean a mejor: se entienden inconscientemente como una experiencia dolorosa, desagradable. Sin embargo, que sea una experiencia agradable o desagradable depende en buena medida de nosotros mismos: aceptar los cambios y poner foco en qué provecho podemos sacar de ellos está en nuestra mano.

El lenguaje, además de ser un síntoma, crea realidad y, por tanto, actuar sobre él es una buena manera de empezar a modificar nuestra forma de ver el mundo y hacerla más afín a lo que queremos hacer en él.

Si estás a gustito con todas y cada una de las cosas que conforman tu vida quizás no sientas la necesidad de ver el cambio con mejores ojos (gafas), pero si por el contrario quieres mejorar algo, puede que no te venga mal usar un poco de travesura y empezar hablar, aunque eso pueda causar perplejidad en los demás, de “disfrutar cambios”, pues no existe mejora sin ellos.