EL SALTO QUE NO SE PUEDE EXPLICAR

EL SALTO QUE NO SE PUEDE EXPLICAR


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

“Debo superar mis miedos para poder hacerlo” me decía un cliente hace unos días en una sesión de coaching. Pero ¿y si fuera precisamente hacerlo la forma de superar los miedos?

Los procesos de cambio combinan reflexión, emoción y acción, los tres elementos se retro-alimentan, pero si falta uno de ellos el proceso de cambio no se produce.

Si falta reflexión el proceso deambula sin dirección ni sentido, si falta emoción el proceso languidece y se desvanece, si falta acción el proceso se queda en el terreno de las ideas y puede acabar generando una gran frustración.

El miedo, sin embargo, es una emoción que opera en los procesos de cambio, lo necesitamos para orientar la reflexión hacia el cálculo de riesgos y el análisis estratégico, pero, por el contrario, puede paralizarnos. El miedo es un gran aliado si nos acompaña a nuestro lado, pero un gran saboteador si se nos pone en frente.

Cuando lo tenemos en frente debemos, mediante la reflexión, darnos cuenta de que efectivamente lo tenemos ahí puesto -pues a veces ni siquiera somos conscientes-, encontrar qué creencias lo han colocado en ese lugar y, luego, dar con una nueva forma de ver las cosas que pueda activar otra emoción capaz de decirle al miedo “quítate de ahí”.

Pero con eso ¿el miedo se mueve? La respuesta es que no, hasta ahí el miedo no se ha movido. ¿Qué pone al miedo en su lugar? La acción.

Mientras no se da el paso, el miedo sigue ahí en frente, y esperar a que desaparezca mediante la reflexión para, después, ya sin miedo, hacer las cosas, es una estrategia con baja probabilidad de éxito.

La valentía no es no tener miedo, es hacer algo aunque te asuste, y hacerlo es el ritual final para abrazar de verdad una nueva forma de ver el mundo, darle protagonismo a emociones empoderadoras y hacer que el miedo se aparte.

Cuando hay miedo, entre la decisión y la acción falta un trozo de camino y, sí o sí, se trata de saltar esa brecha, dar un salto que no se puede explicar, hay que darlo para comprenderlo.