El reto por el reto

El reto por el reto


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

Hacer cualquier cosa para demostrarnos a nosotros mismos que efectivamente podemos hacerla me parece un motivo tan legítimo como cualquier otro para ponernos a ello. Sin embargo, en estos casos cabe preguntarse ¿si yo confiara plenamente en que puedo hacerlo, lo haría igualmente?

Y es que, en ocasiones, la falta de confianza nos lleva a la necesidad constante de demostrarnos nuestras capacidades. Eso puede hacernos perder de vista si estamos tomando las decisiones teniendo en cuenta lo que realmente queremos hacer y nos llena.

Cuando buscamos la autoconfianza fuera de nosotros mismos, además de que es probable que nunca la encontremos, podemos acabar haciendo cosas que en absoluto conectan con nuestra autenticidad. La confianza es una planta que se riega con logros, sí, pero si en la tierra no hay semillas, por mucho que se riegue, por muchas cosas que se logren, nada crecerá.

Imaginad que ante una falta de autoestima empiezo a buscar desesperadamente un reto que calme las emociones desagradables que me producen el juicio «no soy capaz». Poned por caso que, en esa búsqueda, se me ocurre proponerme correr un maratón, y que he escogido ese reto por la dificultad que le presupongo. En ningún momento me planteo si quiero correr, o si me gusta. Decido hacerlo simplemente porque se me antoja difícil.

Hay dos opciones en función de si a mí me gusta o no me gusta correr:

  • No me gusta correr, pero lo voy a hacer para ganar autoconfianza, autoestima. En este caso no conseguirlo sería un fracaso y me pondría en cuestión a mí mismo. Es como si yo mismo estuviera en juego y es probable que si no lo consigo me diga cosas poco agradables. Así que me voy a pasar meses entrenando, haciendo algo que no me gusta hacer, esforzándome, sacrificándome y sufriendo, porque necesito superar este reto que me he autoimpuesto.
  • O, pongamos por caso que sí me gusta correr, pero más allá de si me gusta hacerlo, en este caso, me estaría jugando mi autoconfianza, mi autoestima. No conseguirlo sería un fracaso y me pondría en cuestión a mí mismo. Estoy en juego yo, y es probable que si no lo consiguiera me dijera cosas poco agradables. Me voy a pasar meses entrenando porque, aunque me gusta correr, en este caso es un deber que tengo que hacer, sufriendo porque me da miedo no superar este reto que me he autoimpuesto.

La baja autoestima nos puede llevar a hacer cosas que no nos gustan, pero también pueden transformar aquello que nos gusta en una experiencia sufrida y poco agradable, asumiendo el reto simplemente porque reta. El reto por el reto.

Es fácil, en cambio, que las personas que tienen un alto nivel de autoconfianza hagan aquello que quieren y no tanto aquello que les dotaría de autoconfianza, pues ésta ya la tienen, se la otorgan sí mismos, se dicen “me puede costar más o menos, puedo cometer más o menos errores por el camino, pero por supuesto que puedo, no es necesario que me demuestre nada». La confianza aparta la necesidad de demostrase y demostrar a los demás si puedo o no, pues «claro que puedo», y desde esa creencia la pregunta que emerge es, en su lugar, la di si quiero o no quiero.

Buscar la autoconfianza fuera nos lleva o a hacer cosas que no nos gustan y no queremos hacer, o a quitarle todo el disfrute a aquellas cosas que sí nos gustan, transformándolas en cargas. Asociamos muchas veces los retos al sufrimiento, sin embargo, eso no tiene que ser en absoluto así. Cuando lo es, cabe poner conciencia sobre si estamos buscando fuera de nosotros algo que solamente se encuentra dentro.