Egoísta

Egoísta


Ignacio Alonso
Coach certificado por ICF
ignacio@cambyo.es

¿Crees que ser generoso y egoísta son cosas contradictorias? Yo creo que no, creo que generosidad y egoísmo caminan felizmente de la mano.

El egoísmo tiene muy mala prensa, es una palabra estigmatizada y, por ese motivo, pido al lector que, durante los próximos minutos, realice un pequeño esfuerzo de suspensión de reticencias, desnude la palabra de sus connotaciones y se quede solamente con su significado estricto.

Si pensamos en cualquier acto que podemos hacer para ayudar al otro, o para sorprenderlo positivamente, cualquier acción de apoyo, por iniciativa propia o como respuesta a una petición, ese acto, al realizarse, puede darse desde dos motivaciones.

A veces nos motiva el buscar emociones agradables en nosotros a través de las emociones agradables en los otros, una sensación de satisfacción: poder dibujar una sonrisa en nuestra cara al verla en la cara del otro.

Por el contrario, en otras ocasiones, esos actos pueden resultar poco agradables para nosotros: sacrificios pesados que llevamos a cabo a disgusto, obligados.

En el primer caso, si entendemos el egoísmo como la búsqueda de un provecho propio como motivación para nuestras acciones, cuando al ayudar obtenemos un beneficio que de otra forma no obtendríamos, aunque este sea intangible ¿podemos decir que estamos siendo egoístas?

En el segundo caso, en el que el acto nos genera disgusto, resignación o incluso enfado… ¿para qué lo estamos haciendo? ¿para qué hacemos voluntariamente algo que nos genera malestar? La respuesta está en la pregunta, y es que no, no lo hacemos de forma completamente voluntaria, nos estamos sintiendo obligados a hacerlo. ¿Estamos siendo generosos entonces?

¿Podemos hablar de generosidad cuando lo que hacemos lo hacemos a disgusto, forzados? ¿Puede la generosidad nacer de la obligación? ¿No debe ser plenamente voluntaria? Y si es voluntaria ¿no es egoísta?

Estas preguntas me llevan a una conclusión: la verdadera generosidad nace siempre del egoísmo.

Pero entonces aparece un miedo ¿si fuéramos 100% egoístas dejaríamos de hacer cosas por los demás? No. No si activamos una de una de nuestras capacidades más potentes: la empatía, la habilidad que nos permite acceder un repertorio de satisfacciones que solamente podemos lograr proveyendo satisfacción al otro. La empatía y su emoción más asociada, la ternura, nos abren la puerta a un disfrute maravilloso al que solamente podemos llegar desde la generosidad más egoísta o el egoísmo más generoso.

¡Feliz y egoísta Navidad para todos!