¿Bueno o malo?

¿Bueno o malo?

Usoa Arregui
Coach certificada por ICF y Abogado
usoa@cambyo.es

Me cuesta mucho llorar. Seguramente una infancia en la que me etiquetaron de María Magdalena tiene mu

El otro día, en uno de los eventos en los que tengo la suerte de participar, llegaron unos asistentes significativamente tarde y en pleno momento de conclusiones. Se acercaron a un grupo de personas que estaban sentadas en silencio escuchando a lo que sucedía en el escenario, y se pusieron a saludarlas efusivamente, besos incluidos. Fue una interrupción en toda regla.

Desde niños nos enseñan la importancia de saludar a la gente, a poder ser, con besos incluidos, a riesgo de que si nos oponemos se nos tilde de antipáticos o, incluso, de maleducados.

Y yo me pregunto, ¿es posible que un gesto de buena educación llevado al extremo (véase la situación del evento) consista esencialmente en una manifestación claramente descortés? Para mí, no hay duda.

O, ¿dormir hasta tarde es bueno o malo? Depende de si tengo algún compromiso o necesito descansar… O, ¿dejar para mañana lo que puedo hacer hoy? Dependerá siempre de los costes que tenga hacerlo o sencillamente posponerlo…

En definitiva, esto es lo que sucede con cualquier cosa que vivimos, lo bueno puede ser malo, y viceversa. Todo depende de “para qué”.

Por eso, siempre les digo a mis clientes que no les juzgo, que para mí no hay nada bueno o malo, sino útil para lo que quieren conseguir o inútil para eso mismo. Sólo uno mismo puede valorar sí determinada decisión es “buena o mala”, en función de cómo le permita alcanzar lo que se proponga, incluyendo los costes que ello implique.

A menudo, ignoramos los costes de las decisiones que tomamos, como si esa fuera una manera de eludir el hecho de que están ahí; y, cuando nos lo encontramos de frente y no nos gustan, nos asombramos, apenados o enfadados.

Mención especial merece reflexionar sobre las bondades o no de decir que “no”. Educacionalmente parece que nos hubieran programado para considerarlo una ofensa, así que a menudo escuchamos “síes” que luego constatamos que son “noes”, o cuando las personas quieren esquivar el “no”. Ello sucede cuando alguien se compromete a algo y luego no llega, cuando no nos contestan a tiempo por la incomodidad de decir que no… los costes de no decir que “no” son inmensos y es mucho más fácil gestionar un no claro, que la frustración de un falso “sí” o quedarse en el limbo esperando una respuesta…

Otra expresión a poner a prueba es la de pedir perdón. Se alaba la capacidad de pedir perdón de las personas con frecuencia, pero ¿y todas las veces que pedimos perdón sin que hayamos incumplido algo (por ejemplo, cuando decimos “perdona, puedo preguntarte algo?”) y damos una imagen de pequeñez que nos perjudica?

Por tanto, ¿qué es bueno o malo? Para mí, es bueno aquello que me acerca a lo que quiero conseguir, sencillamente.