Atravesar la tristeza

Atravesar la tristeza

Usoa Arregui
Coach certificada por ICF y Abogado
usoa@cambyo.es

Me cuesta mucho llorar. Seguramente una infancia en la que me etiquetaron de María Magdalena tiene mucho que ver con eso, y con mi ego y mi miedo.

Llevo unos días sintiendo la tristeza, me llega como un boomerang después de haber sentido mucha alegría en el último año. Y me asusta, me asusta mucho.

Durante años evité la tristeza porque pensaba que no servía para nada, más que para sumirme en un estado de depresión. Y no me daba cuenta de que estaba atascando el mismo conducto por el que circula la alegría, las dos caras de una misma moneda. Ideal para caer más bajo… Creía no sentir la tristeza, pero me embargaba una especie de estreñimiento emocional que me estaba costado algo terrible: tampoco reía. Quienes me conocen saben que amo reír, reírme de mí, de la vida, de cosas tontas y de cosas enormes. De repente, me sentía gravemente “mayor”.

Cuando me formaba como coach, uno de los exámenes que tuvimos consistía en que nos asignaban un concepto y teníamos que desarrollarlo, ante todos nuestros compañeros. Allí se repartió de todo: exigencia, confianza, responsabilidad, aceptación, etc. Y a mí me tocó la liviandad, me quedé pasmada. Esta memoria caprichosa mía me trajo un recuerdo: una de mis primeras jefas siempre me decía que me lo tomaba todo demasiado en serio. Y entonces, preparando mi intervención, me di cuenta de lo mucho que necesitaba la liviandad, dar la importancia justa a las cosas, ni más, ni menos de la que tiene.

Hoy, que siento tristeza, quiero acompañarla de liviandad. Sí, mi tristeza me habla de cosas que he perdido, de anhelos que no cristalizan, de mis necesidades reales. Las estoy mirando a los ojos para ocuparme de ellas, y voy a darles la importancia justa, que si no me pongo muy seria… Y lloro, porque me ayuda a limpiar, a sacar los residuos que dentro me contaminan y no me dejan avanzar. Además, hoy a mis hijos les he enseñado algo importante: estar triste no es algo malo, es humano y necesario. Mi ego también se ha quedado tranquilo.